sexta-feira, 17 de maio de 2013

DANIEL 12, LIBRO, COMENTARIO, ESTUDIO
12. Triunfo del Pueblo Elegido.

Este breve capítulo puede dividirse en dos partes: a) anuncio de la salvación de los fieles judíos y de la resurrección de sus muertos (1-4); b) epílogo a la revelación comenzada en 11:2 y al libro en general, con la confirmación de lo antes dicho.

Salvación de los justos y resurrección de los muertos (1-4).

1 Entonces se alzaré. Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día. Entonces se salvarán los que de tu pueblo estén escritos en el libro. 2 Las muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión. 3 Los sabios brillarán con el esplendor del firmamento, y los que enseñaron la justicia a la muchedumbre resplandecerán por siempre, eternamente, como las estrellas. 4 Tú, Daniel, ten en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos lo leerán y acrecentarán su conocimiento.

El profeta anuncia un último gran ataque contra el judaísmo, en el que los fieles serán protegidos por Miguel, el valedor de los intereses religiosos del pueblo judío. La perspectiva profética se extiende en un período no muy definido, pero parece que el contexto exige que el tiempo de angustia sea el de la época macabea, como veremos en seguida. No obstante, este tiempo de prueba puede considerarse como tipo de la aflicción de los justos al fin del mundo, y, en este sentido, la perspectiva puede ser de algún modo escatológica 1.

Después de esta prueba purificatoria para los justos, se salvaran los que de tu pueblo están escritos en el libro (v.1). En los capítulos anteriores, el autor sagrado habla reiteradamente del reino de los santos, que sustituirá a los imperios históricos. Sin duda que el hagiógrafo piensa aquí en la nueva teocracia mesiánica, de la que serán ciudadanos sólo los que han sido fieles, los sabios, que han vencido la prueba de la persecución y que han enseñado con su conducta y consejos a otros a vencerla. De este modo, como triunfadores, se salvarán. los escritos en el libro (v.2), o registro de la vida, en el que están inscritos los que han de sobrevivir 2. Dios lleva la contabilidad de las acciones de los judíos, y, conforme a su conducta, los inscribe o rechaza del libro de la vida. Y de esta salvación no sólo participarán los judíos que sobrevivan a la persecución después de haber sido fieles a la ley de Dios, sino que aun los muertos resucitarán, unos para recibir el galardón de la vida eterna y otros para eterna vergüenza (v.2).

La perspectiva parece limitada en este texto a los judíos y a los perseguidores, si bien no se excluye la extensión de la resurrección en un sentido más universal. Se trata de una resurrección individual, no colectiva, nacional. En Isa_26:19 hemos visto que se anunciaba una resurrección de los individuos para participar en la era mesiánica de la nueva teocracia. Ahora el autor del libro de Daniel anuncia también una resurrección de los judíos que han sufrido la persecución, leales a su ley religiosa, para participar de una vida eterna, que no se concreta más; al contrario, los que no han sido fieles a su ley o quizá los perseguidores resucitarán para eterna vergüenza y confusión. Entre los resucitados para la vida eterna destacarán los sabios, que con su palabra y ejemplo han enseñado la conducta que se debe seguir en los tiempos de persecución. Ellos han enseñado la justicia, es decir, el camino del temor de Dios y de la lealtad a sus preceptos, y como tales brillarán en la nueva era luminosa, que se abre con un fulgor comparable al de las estrellas.

Después de anunciar la distinta suerte de los justos y de los culpables, Daniel recibe la orden de mantener ocultas las revelaciones que le acaba de hacer hasta el tiempo del fin (v.4), es decir, hasta el tiempo de su cumplimiento. Esta orden, redactada en el lenguaje de los libros apocalípticos, pretende excitar la curiosidad del lector. No es necesario, pues, urgir el sentido misterioso de estas palabras. El libró puede referirse a las diversas visiones contenidas en el actual libro de Daniel o sólo a la última, que acaba de explicar, iniciada en el c. 11. Los libros apocalípticos judíos tenían un carácter esotérico, para que sólo los iniciados pudieran entenderlos. Daniel debe, pues, tener en secreto lo que acaba de ver y oír hasta que llegue la hora de su manifestación. En 8:26 se hace la misma recomendación esotérica. A medida que los hechos se vayan desenvolviendo, muchos lo leerán y acrecentarán su conocimiento 3.

Confirmación detallada de la revelación anterior (5-13).

5 Yo, Daniel, miré y vi a dos hombres que estaban en pie, el uno al lado de acá del río, el otro del lado de allá, 6 y uno de ellos dijo al varón vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin y sucederán esas maravillas? 7 Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, que, alzando al cielo su derecha y su izquierda, juró por el que eternamente vive que eso será dentro de un tiempo, de tiempos y de la mitad de un tiempo, y que todo esto se cumplirá cuando la fuerza del pueblo de los santos estuviera enteramente quebrantada. 8 Yo vi, pero, no entendiendo, pregunté: Mi señor, ¿cuál será el fin de estas cosas? 9 Y él respondió: Anda, Daniel, que esas cosas están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán purificados, emblanquecidos y depurados; los impíos seguirán el mal, y ninguno de los malvados entenderá, pero los que tienen entendimiento comprenderán, 11 Después del tiempo de la cesación del sacrificio perpetuo y del alzar de la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12 Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 Y tú camina a tu fin y descansarás, y al fin de los días te levantarás para recibir la heredad.

La perspectiva de persecución, que antes se presentaba nebulosa, se concreta ahora al tiempo de los Macabeos. Es la conclusión de la visión precedente. Ahora aparecen dos interlocutores en el estilo convencional apocalíptico. Los dos hombres deben de ser dos testigos oficiales de lo que acaba de decirse y de lo que se dirá con juramento solemne 4. Estos dos aparecen a ambos lados del río Eufrates 5. El personaje famoso vestido de lino, personificación del designio de Dios en la historia, como hemos visto anteriormente, con gesto solemne (alzando al cielo su derecha y su izquierda, ν.7) responde con juramento 6 que todo ello ocurrirá dentro de un tiempo, de tiempos y medio tiempo (v.7), es decir, tres años y medio, que es justamente lo que duró la persecución de Antíoco IV, tal como se describe en 11:31-36. La expresión es idéntica a 7:25 y se ha de entender en el mismo sentido, y así la entendió ya San Jerónimo.

En el v.11 concreta más este período de persecución, que se caracterizará por la cesación del sacrificio perpetuo y la erección de la abominación desoladora, o ídolo de Júpiter Olímpico. La persecución durará mil doscientos noventa días, un poco más que los tres años y medio (mil doscientos setenta y siete días en 7:25 y 12:7). En 8:14 se habla de mil ciento cincuenta días de persecución (mil trescientas tardes y mañanas). Globalmente, la cifra es la misma y designa el tiempo que duró la profanación del templo de Jerusalén desde mediados del 168 a.C. hasta fines del 165 a.C., en que fue purificado el templo por Judas Macabeo.

El hagiógrafo termina llamando bienaventurado al que asista al cumplimiento de todo esto después del fin de la persecución. En su perspectiva profética se añaden nuevos días para que pueda ser testigo de la nueva era venturosa: bienaventurado el que llegue a mil trescientos treinta y cinco días (v.12). La cifra puede ser convencional, apocalíptica, para expresar que después del fin de la persecución aún hay que esperar algo más antes de entrar en la plena edad mesiánica. La perspectiva profética, pues, se alarga, e insinúa que Daniel no asistirá vivo al cumplimiento de todo esto, pero que resucitará para recibir la heredad (v.15). Con estas palabras se cierra la parte protocanónica del libro de Daniel.

NOTAS:

[1] Cf. San Jerónimo, In Dan. 12:1; San Crisóstomo, Adv. lud. Hom. 5:7.
[2] Sobre la expresión libro de la vida cf. Exo_32:21 : “Perdónales su pecado o bórrame de tu libro, del que tú tienes escrito.” Isa 4:3; Eze 13:9; Sal 69:29 : “Sean borrados del libro de la vida.” En la literatura apócrifa es común esta concepción (cf. Jub 30,23; Henoc 81:4; 4 Esd 6:20, etc.). La imagen pasa. (Filp 4:3; Rev 3:5).
[3] La traducción de la última parte de este verso no es segura.
[4] Cf. Deu 19:15; Mat 18:19; 2Co 13:1.
[5] En hebreo, yeor, que significa primitivamente el Nilo, pero después significó río en general. Y aquí es el del 10:4, es decir, el Eufrates.
[6] Sobre este modo de jurar cf. Deu 32:40; Dan 4:31; Rev 10:6.

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